Fabiola,
Me enseñaste la mirada al sistema familiar. A través de nuestra experiencia como padres encontramos el refugio y el sostén que necesitábamos para poder hacer las cosas de otra manera en la crianza de nuestro hijo.
Nos ofreciste un espacio de no juicio donde tenían cabida todos los sentimientos que despiertan la maternidad y la paternidad.
También una tribu donde encontrarnos y disfrutar muchísimo junto a otras familias que transitaban esta etapa tan intensa y vulnerable de la vida.
Aprendimos a dar un paso atrás y escucharnos antes de responder a nuestro hijo.
A observar más y a interrumpir menos su desarrollo único durante sus primeros años.
Descubrir sus logros, acompañar su desarrollo sensoriomotor y contemplar la conquista de su autonomía fue uno de los mayores regalos que recibimos como padres y, sin duda, una aportación de enorme valor para la construcción de su autoestima.
Aprendimos a permitirle ser.
Al mismo tiempo que dirigíamos la mirada hacia nosotros mismos para reconocer qué expectativas, miedos o necesidades eran nuestras y no suyas.
También aprendimos a mirarnos como pareja.
Y a reconocer que junto a cada uno de nosotros venía todo un linaje familiar. Fueron apareciendo lealtades, rechazos y dinámicas que influían en nuestro sistema sin que apenas fuéramos conscientes de ello. Poco a poco, como tú decías, fuimos «quitando capas a la cebolla» para encontrar una mayor libertad y ofrecer a nuestro hijo una infancia más suya, menos condicionada por nuestras propias miradas y más acorde con sus necesidades.
Fuimos acercándonos a una forma de crianza más consciente, más auténtica y más coherente con quienes realmente éramos, reconociendo patrones heredados con los que ya no nos sentíamos cómodos.
Disfruté tantísimo de la crianza de nuestro hijo que no cambiaría absolutamente nada de aquel camino.
Como alumna y aprendiz tuya, primero en tu transformadora formación vivencial para facilitadores de grupos de padres y acompañantes de procesos humanos y, años más tarde, recibiendo de tu propia voz parte de tu legado, me siento profundamente afortunada y agradecida.
Impregnarme de tu trabajo ha sido un privilegio.
En él se mezclaban la ciencia, la experiencia, la curiosidad y la investigación con la intuición y la sensibilidad de una mujer adelantada a su tiempo.
Cuando apenas se hablaba de crianza respetuosa, introdujiste a Emmi Pikler en España y fuiste capaz de integrar en la pedagogía de Al Alba algunas de las aportaciones más avanzadas sobre desarrollo infantil, maternidad y paternidad consciente.
Gracias a tu visión y a tu valentía, muchos caminos comenzaron a abrirse.
Eternamente agradecida por tu labor y por tu carisma, Fabiola.
Una parte de todo lo que sembraste sigue acompañándonos y también forma parte de nuestro hijo. El valor de lo que aportaste a nuestra familia es incalculable. Y, a través de tantas familias, continúa llegando mucho más lejos.
Feliz continuación.



