La vuelta al colegio está a punto de comenzar.
Tal vez ya estés pensando en los horarios. En los despertadores. En volver a preparar mochilas, desayunos y ropa la noche anterior.
Quizás la idea de volver a la rutina te alivie. Después de semanas con otros ritmos, recuperar cierta organización puede resultar agradable.
O puede que te genere cierta resistencia. Recuperar los horarios, las obligaciones y la organización diaria puede hacerse cuesta arriba.
La vuelta al cole puede despertar muchas emociones.
¿Cómo vives tú este momento?
Antes de pensar en cómo será para tu hijo, puede ser interesante detenerte un instante y sentir cómo estás tú.
¿Cómo te sientes cuando las vacaciones terminan?
¿Qué ocurre en ti cuando piensas en volver a la rutina?
Al observarte, puede que descubras algo que te ayudaría a hacerlo de otra manera. No hace falta que sea un gran cambio. A veces, modificar una cosa pequeña puede cambiar cómo empieza el día.
¿Qué te parecería empezar por ti?
No es egoísta.
Los cuidadores necesitan sentirse cuidados para poder cuidar.
Piensa en algo pequeño con lo que te gustaría empezar las mañanas y que te haga sentir bien. Cuando estás enfrascada en la crianza no necesitas más exigencias. Por eso es importante que sea algo sencillo, realista, antes de que todo se ponga en marcha.
Quizás diez minutos para despertar tranquila, tomar un té, escuchar la radio, darte una ducha o estirar el cuerpo.
Un pequeño espacio para ti puede cambiar la forma en la que entras en el día.
Después está vuestra organización familiar.
Puede ser útil pensar qué necesitáis para que las mañanas sean más sencillas. Tú, tu pareja y también tu hijo.
Unas pocas normas claras pueden ayudar: tiempos para levantarse, desayunar y vestirse, por ejemplo.
No se trata de llenar el comienzo del día de instrucciones.
Pocas normas. Claras. Suficientes. Y que puedas sostener.
Cuando tengáis claros estos pasos, llega el momento de hacérselos llegar a vuestro hijo.
Los niños viven en el presente. Anticipar lo que ocurrirá es más propio de los adultos. Por eso no necesitan grandes anuncios ni que les recordemos muchas veces que el colegio está a punto de empezar.
Unos días antes puede ser suficiente para empezar a hablar de lo que viene: volver a encontrarse con los amigos, recuperar cierta autonomía, descubrir cosas nuevas y compartir lo vivido durante el verano.
Y en esas conversaciones puede aparecer una pregunta sencilla:
«¿Tienes ganas de volver al cole?»
Puede que responda que sí con entusiasmo. O que diga que no quiere volver. Puede que eche de menos a sus amigos y, al mismo tiempo, no quiera separarse de ti.
No hay una única manera de vivir este cambio.
Nadie elige cómo se siente.
Las emociones llegan y forman parte de tu hijo, de su manera de vivir lo que le sucede. Cuando puede expresar lo que siente sin que nadie espere otra cosa, también puede descubrir que no hay ningún error en aquello que está experimentando.
A veces bastará con escuchar. Y otras veces, a lo mejor también necesita ayuda para encontrar una manera de actuar que cuide de él y de los demás.
Primero está lo que siente.
Después, lo que hacemos con ello.
Y mientras hablas con tu hijo, hay algo que también puedes observar.
¿Cómo estás tú mientras abordas estos momentos?
No solo comunicamos con las palabras. También con el tono, con la mirada y con la manera en la que nos acercamos.
Puede haber tranquilidad. Expectación. Preocupación. Incluso cierta necesidad de que todo vaya bien.
Tan solo date cuenta.
Y abraza en ti también aquello que aparece, tal y como haces con tu hijo.
Esa pequeña observación puede abrir un espacio para elegir cómo quieres acompañar este comienzo.
Porque la vuelta al cole no está escrita de antemano.
Podemos imaginar cómo será. Podemos anticiparnos. Pero después, cada mañana, la vida vuelve a comenzar.
Habrá mañanas en las que todo fluya. Y otras en las que tendréis que volver a empezar.
Y también ahí podéis ir encontrando vuestra manera.
Un pequeño cambio puede hacer que una mañana sea un poco más amable para ti, para tu hijo y para los dos juntos.
Y desde ahí, seguir construyendo.





